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jueves, 15 de marzo de 2012

Cafetería Los Baristas: barista Adán Gutiérrez Sánchez

En la ciudad de México, como todos los chilangos deberían saber, desplazarte de un lugar a otro es una tarea extenuante. La economía de la ciudad es tan pobre precisamente por esa incapacidad para desplazarte fácil y eficientemente. Los gobernantes mexicanos de la actualidad, tecnócratas por excelencia, olvidan, ignoran o simplemente les tiene sin cuidado, la imporatancia del transporte para la economía de un país, pues como bien dice Jaime Avilés en su grandiosa columna en La Jornada del 3 de marzo de 2012:
Gracias a los tres gobiernos neoliberales del PRI, que padecimos de 1982 a 2000, México retrocedió al siglo XIX, por lo menos a la época anterior al tren de pasajeros. Gracias a Fox y Calderón somos de nuevo una colonia española y, por vez primera en nuestra historia, un protectorado estadunidense, casi una estrella más en la bandera de los vecinos del norte (http://www.jornada.unam.mx/2012/03/03/opinion/006o1pol).
Por tal motivo, conseguir un buen café en esta ciudad puede ser tedioso y complicado, aun recorriendo distancias tan cortas como la que hay entre el centro de Tlalpan a la Facultad de Contaduría en Ciudad Universitaria (no más de 6 km). Por ejemplo, cierto día de la semana alrededor de las 6:00PM tomé mi bici para dirigirme a la estación del Metrobús Fuentes Brotantes, con la ingenua ilusión de dejarla asegurada en la entrada de la estación y de ahí tomar el susodicho transporte a la estación Ciudad Universitaria y luego ahí tomar el Pumabús a la Facultad de Contaduría o simplemente caminar a ella.

En condiciones "normales", uno pensaría que en menos de 15 minutos podría llegar a degustar mi delicioso cappuccino, sin embargo, el primer factor a considerar es que en esta ciudad consecionada, donde el gobierno incentiva el uso de la bici, pero además de no existir la infraesctructura vial para los ciclistas ni la cultura de respeto para los mismos, pues está el hecho de que no pone los suficientes "estacionamientos" de bici para que uno pueda usar la bici en combinación con el transporte público. Entonces y para acabar pronto --porque quiero hablar de café y no de mi afición a criticar el transporte de esta lastimada, caótica y gigantesca ciudad-- en el metrobús, transporte consecionado, la versión "ordenada" de los microbuses (sí, soy un crítico de este pésimo sistema de transporte), depende de la empresa y no del gobierno poner estacionamientos y pues uno no tiene donde dejar la bici; sobre todo cuando el policía de la estación se quiere lucir con el supervisor, que justo ese día y para mi suerte, estaba parado justo antes de la entrada a la estación, ignorando por completo que yo me disponía a asegurar mi bici. Pero el policía, como si el supervisor le fuera a dar un premio, inmediatamente fue a impedirme que dejara mi bici estacionada a la entrada de la estación so pretexto de que luego "les ponchan la llantas o se las roban y les echan la culpa". Cabe decir que para que un policía de estación salga de la misma, tendría que haber un terremoto o algo así porque de hecho era la tercera vez que hacía lo mismo pero ahora con el supervisor ahí, quien le hizo segunda al policía, me alentaban a dejar mi bici "pues por allá,  o allá por la plaza joven, pero aquí no se puede". Entonces, enojado, como siempre que intento abordar o abordo el Psedobús, tomé mi bicicleta y decidí no tomarlo.  Uno como usuario debe pagar los platos rotos de la ineptitud e incompetencia de las autoridades en todos los niveles :(

Total que me fui en bici. Agarré Insurgentes hasta el Centro Cultural Universitario y de ahí me metí a Ciudad Universitaria, una burbuja primermundista dentro de la tercermundista Ciudad de México. Ahí dentro logré dar con la interesante ciclopista que me saca directo al corazón de la Facultad de Contaduría y Administración, una facultad extrañamente bonita y agradable, con jardines y un amplio estacionamiento y grande, comparada con mi referente directo, la facultad de Filosofía y Letras, cuya variedad de personajes alternativos constrasta con lo fresa y/o la formalidad de Contaduría -sin ofender, es sólo mi impresión ;) En fin, ahí en la planta baja, debajo de una lona amarilla, a un lado del pasillo justo enfrente del periódico mural entre el Edificio A y el C, es donde se encuentra la Cafetería Los Baristas, donde diariamente, de Lunes a Viernes de 6:00AM a 8:00PM, son atendidos decenas de estudiantes y profesores sedientos y ávidos de un buen café. Atendida en las tardes por Adán Gutiérrez Sánchez (barista) y Frank Álvarez Espinosa, literalmente te dejará un muy buen sabor de boca. Café espresso, americano y cappuccino de calidad. Esta cafetería no sólo se distingue por un buen café preparado por un buen barista, sino que es un café que a pesar de atender a estudiantes y profesores voraces que acaparan la barra para pedir un café, la paciencia y actitud de Frank, así como la pericia y amor al oficio y arte de preparar café de Adán, imprimen en cada taza un sello único de sabor.

No obstante, muchos no saben o no están muy interesados en lo que beben, o al menos es la impresión que tuve cuando veía a algunas personas recibir su café y darle en la torre sin más ni más, al arte latte, que con dedicación y maestría el joven barista y también futuro matemático Adan preparaba. Pero no sólo, lo que es más triste es que incluso al pedir, algunos dejaban entrever su ignorancia cafetera y el poco o nulo gusto por un café de calidad al pedir un caramel, una de las especialidades de la tristemente célebre compañía Starbucks, famosa porque que se ha encargado de crear una anticultura del café que incluso ha llegado a influenciar a los italianos quienes a pesar de todo, guardan celosamente el título de los que preparan el mejor café y, cuya  su pasión por el mismo, los ha llevado al perfeccionismo casi maníaco en el proceso de su elaboración, desde al cultivo hasta la degustación de una taza de espresso.

Pero afortunadamente son pocos los que piden un caramel, aunque varios son los que destruyen el arte latte y el sabor del café agregando azúcar a su bebida o quienes simplemente van por un frappé. Los más conservadores y por qué no, los hipsters del café, van por un espresso o por un cappuccino a la italiana con arte latte, cremosito, preparado con leche Bové, café de Temascalapa, Oaxaca o Teocelo, Veracruz, tostado en Café Victoria, en el centro de Tlalpan. Algunos todavía más alternativos, digamos, los más hipsters de todos (es un decir) van por las especialidades de americano (e.g. prensa francesa, aero press, sifón japonés o dripper), mientras los menos conservadores pero amantes del dulce o lo suave, según sea, piden un moka o cappuccino de sabor o incluso un americano de cafetera de goteo. Ahí en este pequeño espacio, rodeado de jóvenes ávidos de expresar sus emociones (si no, vean el video que muestro a continuación en el segundo 1:12 y luego lo que dice el mismo personaje en el minuto 3:02). 

 
Dicen que en gustos se rompen géneros y según la SCJN por sobre el honor, la libertad de expresión, así que cada quien su modo. El caso es que yo siempre pido un cappuccino y un espresso, pa' probar, y ya luego me aventuro a experimentar con otros sabores y texturas, formas y modos. Como sea, definitivamente esta cafetería se ha convertido en una de mis favoritas y cada que tengo la oportunidad me reúno para ver trabajar a Adan y a Frank, pero también a las otras personas que atienden el lugar y que desfortunadamente gracias a mi seso duro nomás no recuerdo el nombre, pero que disfruto cada vez que preparan café pues a pesar de la cantidad de gente que puede congregarse a detrminadas horas, con todo y la prisa y urgencia con que deben preparar el café, aun con todo eso, logran que me sienta muy, muy satisfecho al saborear mi bebida. Y por si fuera poco, cada que degusto un cappuccino o espresso, es un placer platicar con Adán pues más allá de sus dotes técnicas para preparar un café, lo mismo te puede platicar de quién ganó este año el World Barista Championship que explicarte el proceso que le ha llevado a preparar su anhelado sabor perfecto, citando fuentes, mostrando sus conocimientos empiricos que supongo yo, las mateméticas le han dado y entonces parte de la conversación es comprender que la experiencia lo ha hecho un maestro. Pero él sabe que si quiere ser el próximo Alejandro Méndez, debe seguir aprendiendo.

Si van a la Cafetería Los Baristas, tengan la seguridad que aun con mil personas queriendo disfrutar o destruir su café (según sea), se toparán con un café que NO los decepcionará, de hecho yo apuesto que regresarán. No esperen encontrar sofás o mesas para pasar horas frente a su computadora trabajando como si estuvieran en un Starbucks, bebiendo agua caliente "sucia", pues les recuerdo que como dice en el video el dueño de la cafetería, autodenominado el Vaquero, esta no es una cafetería, a pesar del nombre, si no una barra de café. Entonces, tampoco esperen vasos de cerámica o vidrio o especialidades como la del chiste "café Alto, caliente, sin leche y sin el sabor nuevo del mes (¡chocobanana!) y sin ningún otro condimento, “para aquí”, pero en contenedor desechable, con azúcar normal", ya cuando vean lo que tienen ustedes sabrán lo que quieren.




 
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