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viernes, 19 de diciembre de 2014

Ubicuidad (tercera parte): FIN

Fee donya reesha, fe wa
taiira biguir guenajén
ej'na najarda sawa
ubukraján com fen, fi donya, fi donya!

الدنيا ريشة في هوا 
طايره بغير جناحين 
وحنا النهرده سوا 
وبكره حنكون فين في الدنيا في الدنيا 

El mundo es una pluma en el aire 
volando sin alas 
hoy estamos juntos, 
mañana ¡¿donde estaremos en el mundo? ¿donde en el mundo ?!


El 19 de junio de 2014 en un hotel en Cairo, el New Garden Palace Hotel, raído, viejo, en ese lugar donde parece que el tiempo no avanza, por equis o por ye, prendí la televisión sin querar verla.


Una de la primeras canciones egipcias que conocí y que me encantaron fue sin duda Eldonia reesha  de Saad Abdulwahab (سعد عبد الوهاب - الدنيا ريشة بهوا), un ritmo agradable, pegajoso, intenso, una balada hermosa cuyas letra era una incógnita. La escuché varias veces, muchas veces, afortunadamente es una de las canciones más famosas de Egipto, a pesar de que es viejísima. Imaginen un Pedro Infante cantando Cien años, o algo así.


Y entonces la encontré en Youtube y hasta en una página medio apócrifa de descarga de MP3 en árabe. Siempre quise cantarla y lo logré, al menos el coro, gracias a Ali Mohar, el chofer que conocí en Timai el Amdid. Eventualmente, logré cantarla pero no logré apreciar el significado de la canción porque está en árabe "estándar" y egipcio, y entonces aunque Ali me ayudó a entender el significado, no fui capaz de "traducir" la letra de la canción. Lo que logré, sí, es lo que puede verse en el párrafo introductorio, una transliteración del árabe y entonces ahora ustedes también pueden cantar el coro. Este año, gracias a Mohamed Kenawi, uno de los directores del proyecto Kom al-Ahmar and Kom Wasit, pude obtener la traducción de la letra del coro y ahora inclusive les dejo la letra en su idioma original.

Este mismo año, ese día que prendí la TV sin querer verla, sólo por morbo, y para ver si servía, porque les digo que todo se veía viejo, pasamos por Cairo para irnos a Bawiti, un pequeño pueblo en el oasis de Bahariya, al suroeste de Cairo, en medio del Sahara. Ese fin de semana musulmán, yo estaba muy pensativo y me sentía un poco culpable por no poder estar al lado o cerca de mi papá, a quien desentubaron el 24 de junio luego de una estancia larga en el hospital. Reaccionaba bien al tratamiento pero su corazón estaba muy débil. Le mandé un último mensaje por Whatsapp, saludándolo, aunque creo que ya no lo recibió. La verdad es que estaba muy escéptico acerca de su recuperación. Lo admito, a veces soy un aguafiestas y mi "realismo" se confunde con un pesimismo acojonante. 

Prendí la TV, y juro que sin cambiar de canal, ahí estaba Eldonia reesha, interpretado por una orquesta. Fue tan grande mi impresión que hasta grabé un video con mi celular mientras sonaba la canción. Terminó la canción y apagué la TV. No podía expresar lo que sentí en ese momento, pero entre mi forma de pensar y los signos ubicuos que había recibido desde que dejé México en mayo, y hasta la muerte de mi papá, sabía que esa pluma pluma en el aire, volando sin alas me recordaba que en efecto, aunque lejos, estábamos juntos, mañana, ¿quién sabe dónde estaremos en el mundo?

-Bueno?

-Hola Isra, tu papá murió.
26-27 de junio de 2014, era 26 en la noche pero aquí ya amanecía el 27… Señales cruzadas…cuando es y no es, cuando sólo cobrarían sentido en un mundo ultrahumano [hoy].
Yo soy Ubik. Antes de que el universo existiera, yo existía. Yo hice los soles y los mundos. Yo cree las vidas y los espacios en que habitan. Yo las cambio de lugar a mi antojo. Van donde yo dispongo y hacen lo que les ordeno. Yo soy el verbo, y mi nombre no puede ser pronunciado. Es el nombre que nadie conoce. Me llaman Ubik, pero Ubik no es mi nombre. Yo soy. Yo seré siempre. - Philip K. Dick



jueves, 11 de diciembre de 2014

"Influencers"

OMG ¿Así que no saben qué son los influencers? FAIL.
Para explicarlo haré un merequetengue lexicológico que a algunos despitados los hará parir chayotes, así que apapáchense un poco y anden a su sitio de shopping favorito que marcó en foursquare y compre unas chicken wings boneless o una orden de cheese fingers como snack y de postre un cheesecake, porque esto va pa’ largo.

Un influencer es el nuevo anglicismo y slang hipster para apelar a los gurús de los gadgets, son como geeks muy fashion que tienen fama porque cada post que hacen con hashtags en lugar de mandarlo al inbox lo postean en su feed de noticias,  ya saben, eso que algunos le llaman el timeline, ergo, todos le dan like o share o retweet y se hacen famosos. Evitan los selfies pero saben de ellos. No son ni bots, ni trolls, ni scams, ni reproducen los hoax. Siempre hablan de gadgets o de lo in, ya saben, cosas mashables or wearables, del nuevo malware o del phishing, de los nuevos sites que usan bitcoins o de las nuevas apps que se pondrán de moda, de los cheats para juegos de rol, o en FPV, de los emojis o emoticonos del FB o del whatsapp, del flash mob de moda y hasta del fake Harlem shake que todo mundo conoció por un video viral. Algunos hacen hangouts o webinars con su séquito de followers o con otros bloggers; y otros usan memes para evidenciar a un lamer. Pueden ser nerds en youtube o su red social, pareciendo muy techies con su Tablet, Smartphone o su Mac, pero pueden ser muy newbies en otros facts. Casi todos tienen fanpage y como la mayoría trabajan de freelance o en el outsourcing, a veces usan ad words o adware o el crowdsourcing en sus blogs o vblogs para atraer un poco de marmaja y cambiarse las guárnelas o los bluejeans y verse más finolis para evitar el bullying, lo que se traduce en buena morralla gracias al marketing y su habilidad para echar choro. Siempre andan online, y así pues, se hacen influencers.  Que es como en la rola, de la chilanga banda "acá en internet los influencers rifan y bailan tibiri tabara". 



Referencias:

Los 20 influencers más punteros del México Digital - Internet Academi
http://internetacademi.com/es/blog/20-influencers-mas-punteros-mexico-digital?utm_source=facebook&utm_medium=cpc&utm_campaign=influencers-mx

OMG estamos olvidando el español!

Diccionario ilustrado español-social media, social media-español - Miguel Corcovado
http://toyoutome.es/blog/diccionario-ilustrado-espanol-social-media-social-media-espanol/27528

Jergas de Habla Hispana
http://www.jergasdehablahispana.org/

martes, 2 de diciembre de 2014

Verdades ficticias o las enseñanzas de Sherlock y la Fundación

Antes de terminar con la trilogía de la Ubicuidad, quisiera abordar el caso de Sandino Bucio porque creo que la situación caótica que enfrentamos como mexicanos lo amerita. El caso de Sandino Bucio es ejemplar en muchos aspectos y como ya se ha hablado de él en diversos medios y se han hechos algunos textos sobre él, prefiero no abundar en lo que ya todo mundo trae de boca en boca (sólo dejo un link a uno de los comentarios más honestos que he leído y con el que comulgo parcialmentehttps://www.facebook.com/alonso.tinoco.16/posts/798533520189981 lean, si pueden, también los comentarios, la publicación es pública así que no debería de haber problemas para visualizarla).
Entonces, para mostrar que el caso de Bucio es ejemplar, traigo a colación a un levantado antes de los levantados.
¿Recuerdan al chavo de filos que un día desapareció sin dejar rastro salvo por su bici estacionada en filos? Días después apareció muerto en el Ajusco. Su nombre era Pável González.
El 19 de abril de 2004, Noel Pável González González desapareció, dejando su bicicleta en las instalaciones de la facultad de Filosofía y Letras. El viernes 23 de abril, se levanta el acta de desaparición ante C.A.P.E.A. Ese mismo día por la tarde fue encontrado su cuerpo sin vida, colgado en una cruz en el Pico del Águila, en las inmediaciones del cerro del Ajusco. Las lesiones en el cuello, compatibles con una mecánica de ahorcamiento y las letras EDNA-ZMASH con una esvástica en la parte posterior de la cruz fueron elementos que, en la investigación hecha por la Liga Mexicana por los Derechos Humanos, marcaron la pauta para relacionar los hechos con grupos de extrema derecha que operan (¿u operaban?) en la UNAM [datos de Wikipedia en el artículo Pável González].
El cuerpo de Pável presentaba indicios de maltrato físico, violación, tortura y un golpe en la cabeza, que le causó la fractura craneal. Se le encontró ahorcado y sujetado en una cruz de madera de tres metros, según datos de La Jornada del 27 de abril de 2004. Las investigaciones al respecto apuntan a pugnas entre las facciones internas de la UNAM, por el control de la misma. A pesar de un correo electrónico que rezaba "En contra de esos pinches zapatistas. A se alejan o sigue Apocalipsis. Los del café, los de las ridículas caravanas (nombre de varios estudiantes) Sigan de pinches zapatistas y ya verán […]".
Falleció a los 21 años de edad. A raíz de su asesinato, sus familiares y amigos forman el "Comité Pável González: contra el olvido y la impunidad". La obra de teatro documental "Mujeres de Arena" de Humberto Robles está dedicada a Pável González.
¿A qué voy con esto? El caso de Sandino es ejemplar porque en principio, los hechos de secuestro se dan en un área pública con testigos, existe un video y se logra una movilización rápida y efectiva que permite la liberación de Sandino Bucio. El día siguiente, luego de que fue absuelto por "falta de pruebas", ya libre, se publican fotos donde aparece arrojando proyectiles en una manifestación, las fotos son publicadas por las autoridades que lo secuestraron un día antes.
Y entonces, preguntas básicas y de sentido común afloran ¿por qué las autoridades lo dejan libre y no presentan las pruebas que lo mantendrían en prisión? ¿Cuál era el plan? Ahora que lo pienso, el plan era, en efecto, como muchos apuntan, usar un conejillo de indias para desprestigiar un movimiento. Sandino ha sido una víctima de las puestas en escena con las que actúa el estado mexicano, porque si lo querían secuestrar y tal vez levantar como a Bryan Reyes Rodríguez y Jacqueline Santana López, miren que ellos aún no salen de prisión y la única razón por la que siguen "vivos", es porque de los tres que pretendían levantar, uno logra escapar, Ulises Chávez Trejo, y porque al haber sido un hecho irregular y criminal, un elemento de la Policía Preventiva del Distrito Federal escuchó el llamado de auxilio y arrancó su camioneta, rebasó al Tsuru y al Chevy y ordenó a los conductores detenerse, quienes se identificaron como policías federales, por lo que la patrulla se fue (según información de Revista Proceso)..
Ahora bien, ¿por qué el estado está secuestrando estudiantes? ¿Qué nos enseña el caso de Pavel y de Sandino? ¿Y qué hay de Bryan o Jacqueline? Y ahora ¿qué pasa con David Flores Ceja, egresado de la licenciatura en QFB, que actualmente estaría cursando maestría en Ciencias Bioquímicas de la UNAM pero que está reportado como desaparecido desde el 27 de noviembre?
Para desaparecer a una persona no se necesita un show como el que protagonizó Sandino, y sabemos que antes de los 43 de Ayotzinapa, existen los 31 de Cocula, y sabemos que Pável desapareció sin dejar rastro igual que David, y sabemos que de no haber sido por la patrulla "entrometida" quizá Bryan o Jacqueline estarían con paradero desconocido al igual que los más de 20 mil desaparecidos oficiales desde que Felipe Calderón decidió declarar la guerra contra el narcotráfico; que dicho sea de paso, en su momento fue apoyada por el PRI y hoy, ese mismo ex presidente, es acuchillado por la espalda por el mismo partido que lo apoyó para su guerra alegando que los problemas que enfrenta el presidente Peña Nieto son secuelas de la guerra “absurda” de Calderón (La Jornada - http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/11/29/201cestamos-viviendo-las-secuelas-de-su-absurda-guerra201d-cesar-camacho-a-calderon-6103.html .
¿Por qué los policías están secuestrando gente, vestidos de civil, en vehículos no oficiales, sin placas? ¿Por qué miembros del ejército amedrentan a la población estudiantil de Coahuila buscando "activistas"? ¿Por qué están presos los líderes yaquis o Nestora Salgado? ¿Por qué los 11 salieron libres igual que Sandino, pero luego de su libertad, los atacan llamándolos vándalos?
Yo no entiendo cabalmente el poder de la televisión y de algún modo, creo que ni los dueños de las televisoras, lo entienden. Sin embargo, francamente me aterroriza lo poco que se. Porque en verdad son capaces de estelarizar espectáculos impresionantes para sembrar el terror y tapar con un show mediático la anarquía en la que vivimos, y al mismo tiempo son capaces de declararse portadores de la verdad y profesarla a millones de fieles televidentes en un intento irracional, impulsivo y casi fanático de culpar a terceros de terroristas y anárquistas, culpables de la incertidumbre cuántica en la que nos tocó vivir.
En resumen, la Televisión es una religión con todo y fieles seguidores, y cada secta es una empresa, y cada empresa comulga con sus propios principios. En el caso de Televisa, ya lo dijo Azcárraga Milmo, su profeta máximo:
 “México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil […] Los ricos, como yo, no somos clientes porque los ricos como yo no compran ni madres […] Nuestro mercado en este país es muy claro: la clase media popular. La clase exquisita, muy respetable, puede leer libros o Proceso para ver qué dicen de Televisa… Estos pueden hacer muchas cosas que los diviertan, pero la clase modesta, que es una clase fabulosa y digna, no tiene otra manera de vivir o de tener acceso a la distracción más que la televisión”
Y ese profeta, en algún otro lugar, confesaría y daría nombre a su dios, a quien ofrendarían todo y por quien todo valdría la pena: “Somos soldados del PRI y del presidente” (citas con información de Proceso - http://www.proceso.com.mx/?p=336733).
México no es Guadalupano, ni Cristiano, ni Católico, las minorías religiosas televidentes, se pueden considerar conversas infieles. México, mayoritariamente es telestiano o tevestiano o televidentiano o como lo quieran llamar.
Y las puestas en escena de desaparición forzada, secuestro, o asesinato, se pueden considerar como sacrificios para mantener al dios, que todo lo hace por amor a México y los mexicanos, en la cima de la gloria y en blancura PRÍstina. No se combate entonces a un régimen político, he ahí el problema. Nos enfrentamos a un caso de enajenación propia de una religión, con la diferencia de que está subyugada a un régimen de creencia mayor y más poderoso que controla los hilos de los profetas, sacerdotes y fieles seguidores. Pienso un poco, sí, como en aquella historia de la Fundación  de Isaac Asimov, donde aparecen los Alcaldes y se crea una religión para controlar a los Cuatro Reinos y pienso sí, que Azcárraga Milmo, haría las veces de Poly Verisof en Anacreonte, y sí, que Anacreonte representaría un reino similar al mexicano. De ahí que, países como el nuestro, he llegado a nominarlos como anacreontianos.
Así las cosas el día de hoy en mi cabeza. Si Sandino no fue crucificado como Pável, es porque así estaba previsto en el ritual Anacreontiano. Eventualmente habrá un Hardin en algún Términus que intente poner orden en esta maraña de incongruencias terrícolas, pero por ahora, el Príncipe Regente Wienis que controla a los Lepold I de cada 6 años, sigue vivo y coleando y con la intentona del poder absoluto sobre nuestro pobre México pobre.



lunes, 4 de agosto de 2014

Ubicuidad (segunda parte)

“Metabolism, he reflected, is a burning process, an active furnace. When it ceases to function, life is over. They must be wrong about hell, he said to himself. Hell is cold; everything there is cold. The body means weight and heat; now weight is a force which I am succumbing to, and heat, my heat, is slipping away. And, unless I become reborn, it will never return. This is the destiny of the universe. So at least I won’t be alone.”
― Philip K. Dick, Ubik

De cuando uno se siente ubicuo

Desde pequeño vi cosas raras o que un niño no debería ver o ahora, a sus 30 años, piensa que no debió ver. Una de las cosas que más me ha impactado a juzgar por la descripción que Rebeca hizo de mi, quien asegura que llegué pálido y temblando a la casa, fue la vez que vi a un señor revolcándose en el pavimento, cubierto de sangre, y a una señora gritando que llamaran a la policía. Yo salía de la primaria Emiliano Zapata en la colonia la Perla, en Nezahualcóyotl. La escuela está ubicada en una gran manzana donde lo mismo están dos escuelas más, que un depósito de cadáveres, una “judicial”, un reclusorio, la Cruz Roja, e mercado 23 de abril, un jardín de niños, la CONASUPO, la Iglesia San Vicente de Paul y como para hacer aun más bizarro el entorno, un gimnasio con alberca y frontón. Pues imagínense ir tan inmersos en su mundo infantil que no escuchen nada más que su propia cabeza. Así iba yo cuando comencé a ver que una muchedumbre hacía bulla entre Canelos y Calambucos, y como buen infante, curioso y morboso, pues me animé a meterme entre las personas para luego de 1 minuto, arrepentirme. Y es que rodeado por una serie de espectadores que murmuraban entre sí, yacía un señor que se quejaba y revolcaba de dolor. Yo pensé que lo habían atropellado pero me llamaba la atención que la sangre que cubría su cuerpo estaba muy focalizada y sus brazos y cara no se veían lastimados. Además, que una señora que remataba la escena, pidiera a la policía y no a la ambulancia, me parecía muy sospechoso.
Fíjense cómo son las cosas de la ubicuidad. Tuve la suerte de reconstruir la historia, sin ser parte de ella más que como observador, muy en la onda Forrest Gump, porque de hecho tampoco es que intenté reconstruirla, a pesar de que luego de uno o dos minutos que estuve de morboso, mi lado maduro y prudente, me invitó a alejarme de la escena, me dijo algo así como “¡ya vete a la casa! ¿qué haces aquí?”.
Para no hacer el cuento más largo de lo que de hecho seguramente fue, resulta que 8 meses atrás acompañaba a mi mamá al tianguis que se pone en la Escondida, enfrente de la clínica 78 del IMSS, al cual me gustaba ir porque en el Mercado vendían un Tepache buenísimo, el cual conocía porque dos o tres días a la semana solía ir con los compas de los Lobos Neza, las fuerzas básicas de lo que eran los Toros Neza. Como entrenábamos en las canchas del deportivo Parque del Pueblo, luego de terminar el entrenamiento y no sentir los pies, un Tepache bien frío y sabroso, te refrescaba infinitamente.
El caso es que luego de cruzar Carmelo Pérez para sumergirnos en las lonas de colores de aquel tianguis sabatino, de entre los cientos de figuras que se postraban a nuestros ojos, vimos que habían atropellado a unas personas, a quienes por infortunio, logré ver tendidos en el asfalto, sufriendo y gimiendo de dolor, y es que dada mi estatura podía ver entre las piernas de la gente y los puestos del mercado callejero, a pesar de que mi mamá me llevó por otro lado precisamente para evitar el impacto visual.
Ecco. Hasta ahí nada curioso. Un hecho aislado de atropellamiento, por demás lamentable, en una ciudad que para entonces habrá tenido entre 18 y 20 millones de ánimas.
Luego del incidente del tianguis, meses después, no sabía en realidad cuánto tiempo había pasado aunque estoy seguro que fueron aproximadamente dos semanas después de que viera al señor sangrando cuando salía de la escuela, en otro hecho fortuito y dado que mi hermana solía escuchar el programa radiofónico de Tomás Mojarro, reunidos en el comedor, desayunando, y escuchando de fondo el programa del “valedor”, una historia me llamó la atención al igual que a toda mi familia.
Resulta que Tomás decidió platicar sobre la historia de un borracho que paseaba por la Avenida Carmelo Pérez, en Ciudad Nezahualcóyotl, recién salido de la pachanga, cuando imprudencialmente se pasó un alto en la Escondida, y barrió con una familia que cruzaba la avenida, cuyo integrante más jóven, un bebé a penas, falleció. El hombre fue detenido y mandado a la prisión local. Considerado el daño o delito no grave o menor, le esperaban sólo 8 meses en la cárcel. ¡Cómo sería la rabia de la madre del bebé y su impotencia y dolor ante los hechos, que esperó el día preciso en que el hombre habría de ser puesto en libertad para vaciarle un revolver como para descargar en su cuerpo su furia y angustia y así, vaciándolo, querer llenar su cuerpo triste con algo más que dolor. El hombre había sido baleado saliendo del reclusorio de La Perla dos semanas antes de que Mojarro contara la historia.
Aquel día, el hombre falleció. Más o menos dos semanas después, y por azares de la coincidencia, un niño de aproximadamente 10 años fue concedido con el don de la ubicuidad, como en un guiño que le decía: ¡no es fácil! ¿verdad?
No, no es fácil y es por demás curioso estar en tres momentos diferentes a la vez, totalmente inconexos, que relacionan una serie de eventos desafortunados, siendo que como el lector podrá adivinar, ni lejanamente había conexión entre el observador y los participantes. ¡Vaya! Ni siquiera una relación etnográfica como la que tendría un antropólogo con su objeto de estudio (que no es objeto ¿o si?).
Pero los casos de ubicuidad tampoco es que sean tantos. No obstante, en un pequeño periodo de mi infancia, hubo suerte para ciertas cosas. Hubo suerte, por ejemplo, para escuchar un coche frenando de emergencia para evitar atropellar a un ciclista. El sonido del derrapón fue tan intenso que luego de haber cruzado la avenida todos mis amigos y yo, quienes íbamos al Parque del Pueblo (que ya no es parque, es Zoológico) a entrenar fútbol, volteamos sin pensarlo para ver qué era y todos comenzamos a ver la escena en el momento preciso en que el taxi impactaba al ciclista, el señor que conducía la bici volaba por encima del automóvil y caía detrás del mismo, la bici salía disparada como 20 metros por delante del taxi y luego de un titubeo, el taxista se daba a la fuga. 

Desde pequeño vi cosas raras o que un niño no debería ver o ahora, a sus 30 años, piensa que no debió ver. Una de las cosas que más me ha impactado a juzgar por la descripción que Rebeca hizo de mi, quien asegura que llegué pálido y temblando a la casa, fue la vez que vi a un señor revolcándose en el pavimento, cubierto de sangre, y a una señora gritando que llamaran a la policía. Yo salía de la primaria Emiliano Zapata en la colonia la Perla, en Nezahualcóyotl. La escuela está ubicada en una gran manzana donde lo mismo están dos escuelas más, que un depósito de cadáveres, una “judicial”, un reclusorio, la Cruz Roja, e mercado 23 de abril, un jardín de niños, la CONASUPO, la Iglesia San Vicente de Paul y como para hacer aun más bizarro el entorno, un gimnasio con alberca y frontón. Pues imagínense ir tan inmersos en su mundo infantil que no escuchen nada más que su propia cabeza. Así iba yo cuando comencé a ver que una muchedumbre hacía bulla entre Canelos y Calambucos, y como buen infante, curioso y morboso, pues me animé a meterme entre las personas para luego de 1 minuto, arrepentirme. Y es que rodeado por una serie de espectadores que murmuraban entre sí, yacía un señor que se quejaba y revolcaba de dolor. Yo pensé que lo habían atropellado pero me llamaba la atención que la sangre que cubría su cuerpo estaba muy focalizada y sus brazos y cara no se veían lastimados. Además, que una señora que remataba la escena, pidiera a la policía y no a la ambulancia, me parecía muy sospechoso.
Fíjense cómo son las cosas de la ubicuidad. Tuve la suerte de reconstruir la historia, sin ser parte de ella más que como observador, muy en la onda Forrest Gump, porque de hecho tampoco es que intenté reconstruirla, a pesar de que luego de uno o dos minutos que estuve de morboso, mi lado maduro y prudente, me invitó a alejarme de la escena, me dijo algo así como “¡ya vete a la casa! ¿qué haces aquí?”.
Para no hacer el cuento más largo de lo que de hecho seguramente fue, resulta que 8 meses atrás acompañaba a mi mamá al tianguis que se pone en la Escondida, enfrente de la clínica 78 del IMSS, al cual me gustaba ir porque en el Mercado vendían un Tepache buenísimo, el cual conocía porque dos o tres días a la semana solía ir con los compas de los Lobos Neza, las fuerzas básicas de lo que eran los Toros Neza. Como entrenábamos en las canchas del deportivo Parque del Pueblo, luego de terminar el entrenamiento y no sentir los pies, un Tepache bien frío y sabroso, te refrescaba infinitamente.
El caso es que luego de cruzar Carmelo Pérez para sumergirnos en las lonas de colores de aquel tianguis sabatino, de entre los cientos de figuras que se postraban a nuestros ojos, vimos que habían atropellado a unas personas, a quienes por infortunio, logré ver tendidos en el asfalto, sufriendo y gimiendo de dolor, y es que dada mi estatura podía ver entre las piernas de la gente y los puestos del mercado callejero, a pesar de que mi mamá me llevó por otro lado precisamente para evitar el impacto visual.
Ecco. Hasta ahí nada curioso. Un hecho aislado de atropellamiento, por demás lamentable, en una ciudad que para entonces habrá tenido entre 18 y 20 millones de ánimas.
Luego del incidente del tianguis, meses después, no sabía en realidad cuánto tiempo había pasado aunque estoy seguro que fueron aproximadamente dos semanas después de que viera al señor sangrando cuando salía de la escuela, en otro hecho fortuito y dado que mi hermana solía escuchar el programa radiofónico de Tomás Mojarro, reunidos en el comedor, desayunando, y escuchando de fondo el programa del “valedor”, una historia me llamó la atención al igual que a toda mi familia.
Resulta que Tomás decidió platicar sobre la historia de un borracho que paseaba por la Avenida Carmelo Pérez, en Ciudad Nezahualcóyotl, recién salido de la pachanga, cuando imprudencialmente se pasó un alto en la Escondida, y barrió con una familia que cruzaba la avenida, cuyo integrante más jóven, un bebé a penas, falleció. El hombre fue detenido y mandado a la prisión local. Considerado el daño o delito no grave o menor, le esperaban sólo 8 meses en la cárcel. ¡Cómo sería la rabia de la madre del bebé y su impotencia y dolor ante los hechos, que esperó el día preciso en que el hombre habría de ser puesto en libertad para vaciarle un revolver como para descargar en su cuerpo su furia y angustia y así, vaciándolo, querer llenar su cuerpo triste con algo más que dolor. El hombre había sido baleado saliendo del reclusorio de La Perla dos semanas antes de que Mojarro contara la historia.
Aquel día, el hombre falleció. Más o menos dos semanas después, y por azares de la coincidencia, un niño de aproximadamente 10 años fue concedido con el don de la ubicuidad, como en un guiño que le decía: ¡no es fácil! ¿verdad?
No, no es fácil y es por demás curioso estar en tres momentos diferentes a la vez, totalmente inconexos, que relacionan una serie de eventos desafortunados, siendo que como el lector podrá adivinar, ni lejanamente había conexión entre el observador y los participantes. ¡Vaya! Ni siquiera una relación etnográfica como la que tendría un antropólogo con su objeto de estudio (que no es objeto ¿o si?).

Pero los casos de ubicuidad tampoco es que sean tantos. No obstante, en un pequeño periodo de mi infancia, hubo suerte para ciertas cosas. Hubo suerte, por ejemplo, para escuchar un coche frenando de emergencia para evitar atropellar a un ciclista. El sonido del derrapón fue tan intenso que luego de haber cruzado la avenida todos mis amigos y yo, quienes íbamos al Parque del Pueblo (que ya no es parque, es Zoológico) a entrenar fútbol, volteamos sin pensarlo para ver qué era y todos comenzamos a ver la escena en el momento preciso en que el taxi impactaba al ciclista, el señor que conducía la bici volaba por encima del automóvil y caía detrás del mismo, la bici salía disparada como 20 metros por delante del taxi y luego de un titubeo, el taxista se daba a la fuga.

[continuará...] 

jueves, 10 de julio de 2014

Ubicuidad (primera parte)


[Fragmentos de un sueño - Guadalajara, Jalisco, 4 de septiembre de 2013]

Luego decidíamos seguir el camino, pero en esta ocasión, siguiendo la ruta que había tomado Hilda, el río. […] El destino, parecía que iba a ser Neza.[…] Resulta que estábamos como en una terminal egipcia de autobuses, tren o aeropuerto y que habían confundido el coche con un taxi, yo ni me enojaba aunque lo consideraba absurdo, y lo que hacía era tranquilizarme y ya, volverme a subir al coche, pero luego era bien difícil cerrar la cajuela otra vez. Había como despensa. papel de baño, jabón, sopas y también había herramienta para coche. Parecida a una que estaba tirada en la calle.[…] y resultaba familiar porque era ya en Neza, en Carmelo Pérez, de Av Texcoco a Pantitlán. Cambiaban lugares y una vez que lo hacían como que el sueño cambiaba mientras yo me perdía en pensamientos sobre el camión, las familias y los amigos "distantes". De pronto estaba en una como reunión en otro lugar, desconocido, pero que parecía como un patio o jardín ahí cerca de donde se bajaban a intercambiar lugares la familia. […] recibía una llamada de mi mamá:
-Bueno?

-Hola Isra, tu papá murió.
26-27 de junio de 2014, era 26 en la noche pero aquí ya amanecía el 27… Señales cruzadas…cuando es y no es, cuando sólo cobrarían sentido en un mundo ultrahumano [hoy].
Yo soy Ubik. Antes de que el universo existiera, yo existía. Yo hice los soles y los mundos. Yo cree las vidas y los espacios en que habitan. Yo las cambio de lugar a mi antojo. Van donde yo dispongo y hacen lo que les ordeno. Yo soy el verbo, y mi nombre no puede ser pronunciado. Es el nombre que nadie conoce. Me llaman Ubik, pero Ubik no es mi nombre. Yo soy. Yo seré siempre.

Presagios

Desde que salí del país a principios de mayo una extraña y nueva sensación me comentó acerca de tu partida. Sabía que tal vez nunca más te volvería a ver o hablar. Esa última llamada fue quizá el principio de una serie de presagios que me advirtieron que ese adiós sería el último adiós.

Todo empezó con el libro Ubik. Aquellas primeras páginas sobre la muerte. De hecho no lo seguí leyendo pero lo llevé conmigo a Egipto por una simple curiosidad y la perenne idea de leer algo entretenido en los ratos de ocio. Pero aunque empezó con Ubik, no fue aquel grandioso libro el que me habló de tu muerte.

Fue esa extraña sensación que en México llamamos el mal del jamaicón y que en inglés se conoce como homesickness. Una extraña sensación para alguien que jamás había sentido algo similar, ni aquella ocasión en que abandonó su patria un largo año para irse a Londres; una extraña sensación a menos de 24 horas de haber partido de su tierra natal. Y es que hay de jamaicones a jamaicones. Uno puede extrañar la comida, los olores, los sabores, y entonces sí, hablando de comida mexicana, hasta un extranjero podría afirmar haber sentido homesick luego de regresar a su patria. No era tampoco un extrañamiento de la patria y al mismo tiempo sí. No era que extrañara a la familia y al mismo tiempo sí. Era extraño. Sólo sabía a eso, a rareza, lo raro sabe raro. 

Y empezaron los presagios. Por alguna razón que me sigue siendo ajena y desconocida, comencé a pensar en ti en cada cosa que pasaba, veía, hacía y cómo la hacía. Desde imaginarte conduciendo en Texas cuando caminaba por Austin y elogiando las virtudes de los Estados Unidos, hasta llegar a Dubai y ver esa ciudad moderna y bizarra en el medio del desierto y ver pasar a aquellos árabes con su galabeya blanca prístina y pulcra para luego verles la retaguardia en una intentona de ver aquel hilo de suciedad que me comentaste que viste en un video cuando te comenté si querías que te regalara una galabiya y me dijiste que no.

Y el homesick continuó pero ahora en Egipto, sólo de pensar en la idea de vivir en la ubicuidad de un país distópico te hace reflexionar de mil maneras en las sutilidades implícitas de la vida así como de sus grandezas, y esto ya de por si, de mil y una formas, creo que se podría analizar filosófica, psicológica, cultural o socialmente, y no dudo encontrar algún indicio esotérico que me permitió aislar el caos y, entre el caos y la irreverencia desacralizada de la muerte en un país mayoritariamente musulmán, hacer un poco de espiritista, como tu mamá, y descifrar las señales. No, no pude. Lo intenté y percibí algo, pero es precisamente por esto que escribo ahora, con un afán de que esto quede registrado al menos en bytes, en lugar de dejarlo a la incertidumbre de la memoria y que, en caso de sentir señales similares, ahora sí, descifrarlas. No se pierde nada, todo es un volado, pero hasta las palabras aleatorias que formaba el corrector del teléfono parecían encantadas en hacerme ver que se avecinaba algo…”tristeza; lágrimas; muerte; adiós; perseverancia” hasta frases enteras que si bien no recuerdo, a veces daban miedo….y sí, me daban miedo y me sorprendían porque además de todo me recordaban a Joe Chip comunicándose con su jefe Runciter y viceversa, como cuando Joe encontraba mensajes de Runciter en el baño o en la televisión, y como cuando Runciter se revisa los bolsillos y ve aquella moneda con la cara de Joe.


El sitio

Kom al-Ahmer es un sitio arqueológico que está demarcado en la actualidad por tierras de cultivo; al sur un pueblo pobre ha comenzado a engullirlo y al norte un cementerio islámico, puesto  concienzudamente arriba de uno de los montículos arqueológicos que han sobrevivido a los años y a los sabakhin. Para acceder al sitio se puede acceder por el pueblo o por un camino rural que desde el sitio te lleve a Mahmudeya y a Damanour, y fue por este camino por el que llegué por vez primera a este lugar. La entrada, como habría de esperarse hablando de premoniciones, es flanqueda por las “criptas” del cementerio islámico de un lado, y restos cadavéricos de animales es estado de putrefacción. Un día de tantos en el sitio, realizábamos un mapeo a la entrada del sitio y mi suerte me llevó a reconocer el pequeño bulto envuelto en telas de lo que llegó a ser un infante en brazos de quien posiblemente era su padre, a pedir al señor que creo se encarga del cementerio, de ayudarles con el trabajo de enterrarlo.

El olor de la muerte jamás es agradable, y menos aquel hedor de aquellos costales tirados en el sitio con manchas de sangre y que hacen pensar que bien podrían contener restos triturados de un ser humano que ya no es. Pero en aquellas jornadas de trabajo en donde el viento transportaba los olores del sitio de un lado a otro, no pensé en aquel aroma fétido del proceso de descomposición, pensé en la muerte, la muerte como algo presente y lejano, pasado y cerca, futuro y probable, ubicua…la muerte es ubicua y distópica.

[continuará...]

martes, 25 de febrero de 2014

Pesadilla en el infierno...

 El siguiente es un sustrato de El hombre en el castillo de Philip K. Dick (1962), y que pueden descargar en pdf aquí. Es una "continuación" a la publicación que escribí anteriormente y que muy ad hoc he denominado "Pesadilla en el infierno...". Es una cita textual.
[...] Al fin llegó a la periferia del parque, la acera de la calle Kearny. El tránsito era apretado y ruidoso. Tagomi se detuvo al borde de la acera. 
No había pedetaxis a la vista. Caminó por la acera, uniéndose a la multitud. Nunca se conseguía un pedetaxi cuando uno lo necesitaba. 
Dios, ¿qué era aquello? El señor Tagomi se detuvo mirando boquiabierto algo espantosamente deforme que cerraba el horizonte. Una nave de pesadilla, suspendida en el cielo; una enorme construcción de metal y cemento que ocultaba el paisaje
El señor Tagomi se volvió a un transeúnte, un hombre flaco de traje arrugado.
—¿Qué es eso? —le preguntó apuntando con el dedo. 
El hombre sonrió mostrando los dientes. 
—¿Horrible, eh? Es la carretera elevada del embarcadero. Mucha gente piensa que arruina el panorama. 
—Nunca la había visto antes —dijo el señor Tagomi. 
—Hombre afortunado —dijo el otro y se fue. 
Una pesadilla, pensó el señor Tagomi; tengo que despertarme. ¿Dónde están hoy los pedetaxis? Echó a caminar más aprisa. En toda esa zona había como una sombra pesada,humosa y mortuoria, y que olía a cosas quemadas. Los edificios y las aceras eran de un color gris opaco, y la gente iba de un lado a otro en un tempo peculiar, convulsivo. Y todavía ningún pedecoche a la vista [...]

lunes, 17 de febrero de 2014

Sueño en el paraíso...

El sueño comenzaba en el Centro o en Chapultepec quizá, tal vez entre Insurgentes y Viaducto. Todo era diferente. Había agua. Ríos y canales surcaban la ciudad. Le gente disfrutaba de las olas en una playa hermosa. Los mamíferos acuáticos, las aves y los peces, hacían de las suyas en un río hermoso que corría por toda la ciudad y se perdía en un paisaje encantador que se fundía con el verde provinciano a unos cuantos minutos de haber dejado el corazón de la capital. Ahuejotes brillantes flanqueaban la escena hipnotizante, donde rápidos y pequeñas cascadas delineaban los detalles rocosos de aquel río inquieto. Una trajinera deportiva -transporte común y corriente- se balanceaba entre remolinos y caídas de agua para deleitar a los pasajeros en aquel precioso paraje.

Una memoria que nunca existió aparecía en la mente y recordaba cómo cuando era niño, acostumbraba transitar por aquellos lugares. El tono solarizado-sepia-technicolor de aquella imagen que nunca existió, se perdía entre las imágenes vivas de aquellos puentes que cruzaban toda la ciudad. Puentes viejos y hermosos, casas de mil estilos, chilangos echándose un chapuzón.


 
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