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lunes, 26 de octubre de 2015

Historias urbanas de un ciudadano común

En MAMElandia o como algunos le nombran, la ciudad del MAME, no importa cómo te desplaces, estás jodido. Caminando o Pedaleando o Conduciendo o Transportado; Por la banqueta, la calle o el camión.

Si vas por la banqueta, una horda de automóviles te bloquean el paso, custodiados por sendas rampas que hacen las veces de resbaladillas, pero también por obstáculos interminables que van desde la entrada a modo del vecino X para que entre su coche a su cochera, los puestos de comida o dulces, el taller mecánico, el puesto de doña Chona, los muebles del tapicero o del mueblero, los postes de luz o de teléfono, o los teléfonos públicos de dulce de chile y de mole. Sin olvidarnos de las grietas y desniveles múltiples por el descuido perenne de la vía pública.
Si vas en transporte público, una horda de orcos se empecinan en hacer de tu viaje la experiencia más abrumadora de tu vida. Como decía Chava Flores en la canción No es justu, resulta que si uno sube preguntando cómo llegar a Santa María, el pasaje al unísono contestará "ruega por él, ruega por él". Porque sí, porque la pudrición del transporte público concesionado es una pudrición añeja que ha costado miles de vidas y que ahorcan la libre movilidad en la ciudad. Sus costos sociales son tremendos, se han llevado nuestra dignidad, nuestra seguridad, nuestra economía, nuestra comodidad, nuestra certidumbre.
Si vas en coche, algunas veces parece que sientes que has ganado la lotería porque evitas esas horrorosas banquetas y la pena de ir en microbús o camión, pero tu alegría se convierte en miseria cuando caes en el primer bache luego de sortear otros tantos. Comienza la letanía del hartazgo. Y metros adelante un tráfico infernal se apodera de tu paciencia, llevándote el borde de la locura justo cuando pensabas que ibas con buen tiempo. Ignoras a qué se debe el desorden y el tránsito pesado. Vislumbras un par de coches chocados y piensas que ya avanzarás más deprisa. Pero no, el tránsito continúa e inclusive encuentras a otro par de choferes discutiendo por un rozón. Sigues formado en la fila inmensa de automóviles contaminantes y a lo lejos te topas con una calle semicerrada por un partido de futbol. Luego de pasar este tramo, una fiesta del santo patrono de la iglesia perengana. Libras los obstáculos y terminas mentándole la madre al jefe de gobierno en turno porque ni el fútbol, ni la fiesta, ni los baches, ni la manifestación que cruzó la avenida eran la causa de tu pesar. Una obra pública bloquea todo el paso: el famoso cuello de botella. De todas las cosas que te molestaron, la única que en verdad ocasiona el caos, resulta que nadie sabe para qué sirve ni qué es ni por qué tarda tanto en construirse.
Y allá a lo lejos se vislumbra un ciclista a toda velocidad. Maniobrando ágilmente su tesoro móvil. Pasa velozmente junto a ti y jamás lo vuelves a ver. Claro, te preguntas, si fuera en bici sería más rápido. Pero recuerdas tu experiencia ciclista, en esas calles antipeatonales, bachientas, hediondas con sabor a smog. Recuerdas el sonido intenso de tu corazón y la sensación de que tus pulmones se contraían a cada respiro. Recuerdas que andar entre los coches es peligroso. Recuerdas al señor que atropelló al ciclista frente a tus ojos y que voló por encima del automóvil y su bici expulsada lejos de él y cómo el taxi aceleraba rápidamente para huir de la escena del crimen. Recuerdas las bicis blancas y tus propias experiencias cercanas a la desgracia. La libertad de la bicicleta se esfuma tristemente en tus ojos de conductor de automóvil resignado que mienta madres a los pendejos que se atraviesan sin mirar, que conducen como en la feria conducen los niños y jóvenes en sus carritos chocones. Abandonas la ilusión, a pesar de ver esa pseudo ciclopista que nadie utiliza o ese grupo de niños y adultos en un paseo dominical por lo que antes dicen era un río vivo con agua que cruzaba  parte del Anahuac y que ahora se oculta de los humanos salvajes sometido a las paredes de un tubo. Ese tubo subterráneo que está cubierto por una cama de concreto que soporta el incesante paso de los coches cuando no es domingo y ocurre que esas personas alegres que acabas de ver se apropian de la avenida. Sueñas. Y soñando en ese tráfico interminable, reconoces al chavo que viste pasar anteriormente  y que jurabas no volver a ver, discutiendo con un microbusero que le echó el coche encima y que de milagro no lo mató.

viernes, 2 de octubre de 2015

#1984hoy: México es Londres en la Oceanía de Orwell


Sin entrar en discusiones ni opiniones personales, sólo transcribiré unas líneas de la obra de 1984 de Georges Orwell y entre el texto voy a poner unos recortes de noticias de este año.



Saludos y buen día:


Fotografía de la portada del periódico unomásuno del 2 de octubre de 2015. La nota puede leerse en el portal web http://www.unomasuno.com.mx/comparece-dia-de-campo-de-videgaray-en-san-lazaro/

[...] En cuanto al tercer mensaje, se refería a un error muy sencillo que se podía arreglar en un par de minutos. Muy poco tiempo antes, en febrero, el Ministerio de la Abundancia había lanzado la promesa (oficialmente se le llamaba «compromiso categórico») de que no habría reducción de la ración de chocolate durante el año 1984. Pero la verdad era, como Winston sabía muy bien, que la ración de chocolate sería reducida, de los treinta gramos que daban, a veinte al final de aquella semana. Como se verá, el error era insignificante y el único cambio necesario era sustituir la promesa original por la advertencia de que probablemente habría que reducir la ración hacia el mes de abril. [...] "



Tomado de Aristegui Noticias, 2 de octubre de 2015

La expresión «por la nueva y feliz vida» reaparecía varias veces. Éstas eran las palabras favoritas del Ministerio de la Abundancia. Parsons, pendiente todo él de la llamada de la trompeta, escuchaba, muy rígido, con la boca abierta y un aire solemne, una especie de aburrimiento sublimado. No podía seguir las cifras, pero se daba cuenta de que eran un motivo de satisfacción. Fumaba una enorme y mugrienta pipa. Con la ración de tabaco de cien gramos a la semana era raras veces posible llenar una pipa hasta el borde. Winston fumaba un cigarrillo de la Victoria cuidando de mantenerlo horizontal para que no se cayera su escaso tabaco. La nueva ración no la darían hasta mañana y le quedaban sólo cuatro cigarrillos. Había dejado de prestar atención a todos los ruidos excepto a la pesadez numérica de la pantalla. Por lo visto, había habido hasta manifestaciones para agradecerle al Gran Hermano - el aumento de la ración de chocolate a veinte gramos cada semana. Ayer mismo, pensó, se había anunciado que la ración se reduciría a veinte gramos semanales. ¿Cómo era posible que pudieran tragarse aquello, si no habían pasado más que veinticuatro horas? Sin embargo, se lo tragaron. Parsons lo digería con toda facilidad, con la estupidez de un animal. El individuo de las gafas con reflejos, en la otra mesa, lo aceptaba fanática y apasionadamente con un furioso deseo de descubrir, denunciar y vaporizar a todo aquel que insinuase que la semana pasada la ración fue de treinta gramos. Syme también se lo había tragado aunque el proceso que seguía para ello era algo más complicado, un proceso de doblepensar. ¿Es que sólo él, Winston, seguía poseyendo memoria?"
Tomado de Aristegui Noticias del 31 de agosto de 2015


Las fabulosas estadísticas continuaron brotando de la telepantalla. En comparación con el año anterior, había más alimentos, más vestidos, más casas, más muebles, más ollas, más comestibles, más barcos, más autogiros, más libros, más bebés, más de todo, excepto enfermedades, crímenes y locura. [...]"
Tomado de Excelsior  día 20 de julio de 2015


 

 
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