Esta alegoría disecciona el poder como una matrioska: capas de belleza, piedra y metal que ocultan un núcleo corrupto. Una crítica a la política que se exhibe pura mientras protege su propia putrefacción. Una muñequita se guarda hasta adentro. Una muñeca vudú. Un monstruo. Qué digo monstruo: una aberración. Un amasijo pútrido y feo que condensa todos los vicios del mundo. Le llamaremos el Núcleo. Para proteger al Núcleo, un monstruito matrioska lo cubre. Este bodrio es menos feo. Igual hiede, pero al menos ya se puede ver. Su nombre es Familiar y guarda los vicios y secretos de cada tribu política. Como muñequita matrioska, de todos modos se esconde con un adefesio menos apestoso y más presentable. Ese bodrio es, sin embargo, frágil. Pero sirve para cubrir a los monstruos más feos. Este tiene más detalles. Es más complejo. Aquí el artista puede incluso disfrazar la unión de las dos partes con decorados intricados. Este engendro del mal es el disfraz perfecto para tapar lo más asqueroso...
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