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Mostrando las entradas con la etiqueta anahuac

Los ahuejotes son como huauzontles gigantes

Introducción Se me ocurrió hacer una pequeña reseña sobre palabras como ahuautle, ahuehuete, ahuejote o huautli .  Esta reseña se las prometí desde el 3 de febrero y aquí va, chiquita, pero va. Ojo, mi lengua materna es español y esta reseña etimológica es relativa al Nahuatl «clásico», es decir, un idioma que como tal ya no se habla y sólo podemos encontrar en fuentes históricas del siglo XVI. Por diferentes circunstancias sociales, lingüísticas y pragmáticas para referirse a acciones, animales, objetos, entre otras cosas que no tenían símil en español, un montón de esas palabras «clásicas» se convirtieron en extranjerismos del español llamados nahuatlismos, y si bien en el Nahuatl contemporáneo, vivito y coleando, algunas de estas palabras son sinónimas o se parecen, siguen existiendo o se usan en su versión españolizada (e.g. ahuejote). No debemos olvidar que algunos significados han cambiado y por tanto algunas raíces etimológicas para un hablante de Nahuatl podrían resultar ...

La Fractura

Era un desierto. Por las mañanas salíamos vestidos con abrigos invernales. Al mediodía el abrigo se abandonaba en el escritorio godín o el banquillo maquilero. Sudábamos la torta de tamal o los chilaquiles con huevo con ese calor seco que abrasaba el pavimento liberando el olor tóxico y penetrante del chapopote. La Fractura de Verano cambió nuestra rutina. El abrigo lo cambiamos por una capa impermeable y un casco con máscara antimosquitos. El dengue asoló la ciudad. La Gran Inundación dejó la mitad de la ciudad sumergida por cuatro largos meses. El olor del chapopote se convirtió en olor putrefacto de agua estancada. Las pulgas de agua y los renacuajos asombraron a quienes nunca conocieron la periferia en los ochenta. Las botas de hule ya no eran objetos de moda sino accesorios para evitar una infección en la piel o evitar el reumatismo. Los niños se divirtieron jugando a los piratas o la isla secreta, usando basura para construir mini fuertes entre los charcos más someros. ...

Historias urbanas de un ciudadano común

En MAMElandia o como algunos le nombran, la ciudad del MAME, no importa cómo te desplaces, estás jodido. Caminando o Pedaleando o Conduciendo o Transportado; Por la banqueta, la calle o el camión. Si vas por la banqueta, una horda de automóviles te bloquean el paso, custodiados por sendas rampas que hacen las veces de resbaladillas, pero también por obstáculos interminables que van desde la entrada a modo del vecino X para que entre su coche a su cochera, los puestos de comida o dulces, el taller mecánico, el puesto de doña Chona, los muebles del tapicero o del mueblero, los postes de luz o de teléfono, o los teléfonos públicos de dulce de chile y de mole. Sin olvidarnos de las grietas y desniveles múltiples por el descuido perenne de la vía pública. Si vas en transporte público, una horda de orcos se empecinan en hacer de tu viaje la experiencia más abrumadora de tu vida. Como decía Chava Flores en la canción No es justu, resulta que si uno sube preguntando cómo llegar a Santa...