Esta alegoría disecciona el poder como una matrioska: capas de belleza, piedra y metal que ocultan un núcleo corrupto. Una crítica a la política que se exhibe pura mientras protege su propia putrefacción. Una muñequita se guarda hasta adentro. Una muñeca vudú. Un monstruo. Qué digo monstruo: una aberración. Un amasijo pútrido y feo que condensa todos los vicios del mundo. Le llamaremos el Núcleo. Para proteger al Núcleo, un monstruito matrioska lo cubre. Este bodrio es menos feo. Igual hiede, pero al menos ya se puede ver. Su nombre es Familiar y guarda los vicios y secretos de cada tribu política. Como muñequita matrioska, de todos modos se esconde con un adefesio menos apestoso y más presentable. Ese bodrio es, sin embargo, frágil. Pero sirve para cubrir a los monstruos más feos. Este tiene más detalles. Es más complejo. Aquí el artista puede incluso disfrazar la unión de las dos partes con decorados intricados. Este engendro del mal es el disfraz perfecto para tapar lo más asqueroso...
«Por un bolillo se enrosca como víbora saboreando una concha» (proverbio de los Canni Núskula) Quienes me conocen, sabrán que yo de nacionalista tengo lo mismo que de ingeniero en electrónica con especialidad en matemáticas. Si alguien estaba con el pendiente, si un inglés me dice que no tenemos cultura de pan, se me hubiera resbalado y en lugar de ofenderme y hablar de nuestra «gran cultura panadera» y decirle arrogante al inglés, hubiera aprovechado la ocasión para decir, «sí, dumbass, nosotros tenemos una gran cultura tortillera, basada en el maíz. Es como si yo dijera que ustedes no tienen una cultura de maíz. Pero mira cómo son las cosas, con todo que el trigo se nos impuso clasista y religiosamente, nos hemos adaptado y lo hemos adoptado en nuestra dieta. Afortunadamente, en este proceso transformamos e hicimos nuestra una cultura que no nos pertenecía». Sí, a veces pasa que en el proceso de reinvención, también echamos a perder lo que recreamos. Por ejemplo, dicho de for...