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Un pequeño relato de hace algunos años, tal vez demasiados

 Domingo

APRH

Una agradable sensación festiva ocupa el lugar de la habitual angustia dominical. Mañana no habrá clases, pero igual iremos al convivio de la escuela, comeremos dulces y jugaremos a espantar a las niñas. El mercado está inundado en flores amarillas y calaveritas de azúcar. Puedo ver en las caras de otros niños la misma felicidad que siento yo. Hoy es de esos domingos que no saben a domingo.


Me gusta el humor que tiene mamá; creo que se levantó de buenas. Casi siempre está ocupada o cansada, pero hoy no, hoy es un buen domingo.

—Mamá, ¿me compras una calaverita de azúcar?

—¿Qué haremos si no encuentro más barata la flor? Ni pensar en ir al otro mercado, tu abuela nos mata si llegamos tarde.

—Oye, ma... ¿me compras una calaverita?

—Ni modo, tendremos que pagar este precio de robo. Ten, Luis, para tu calaverita.

—¿Puedo llevarle una a mi hermano?

—Sí.

Justo cuando el aire empezó más fuerte, llegamos a casa. El oloroso humo blanco del incienso y el calor de la estufa me hicieron aún más feliz.

—¿Encontraron las flores?

—Sí, pero estuvieron muy caras —le dijo mi madre a la abuela.

—Eso nos pasa por dejar todo al último momento. Ponlas en la ofrenda y termina de arreglarla. Ayúdala, Luis.

—Huele muy rico. ¿Qué estás preparando, abuelita?

—Camote, pero ya sabes que no puedes comerlo todavía.

—¿Mañana que regrese de la escuela me dejarás comer un poquito?

—Todo el que quieras.

Llegó el momento de apagar la televisión y juntarnos alrededor de la ofrenda. Mi abuela, mi madre y mi hermano guardaron silencio ante una fotografía que me tomaron el año pasado. Luis puso mi calaverita en el altar y la otra, en su boca. Hoy es un buen domingo: mañana no habrá clases y mamá no llora al ver mi foto.


Este pequeño relato fue escrito en 2018 y está inspirado en el ambiente que se generaba en estas fechas a principios de siglo, cuando la celebración de Día de Muertos era una cuestión familiar más que una oportunidad para la selfie y desfilar. Algo parece haber cambiado en la forma en que vivmos y celebramos el 2 de Noviembre, algo se ha desbordado.

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