Nunca he contado esta historia in extenso, pero gracias a Marcelo, me veo en la necesidad de compartirla. Y si pueden compartirla, pues me daría gusto que otras personas la conocieran. Esta es la versión refinada, la del blog, y tiene fotos que la versión de FB no tiene (ver al final del post), aunque la versión de FB tiene fotos que ésta versión no tiene. Pero bueno, aquí va..
Viví 3 meses en ese hostal. Octubre, Noviembre y Diciembre. Lo abandoné el 24 de diciembre, día en que me fui de voluntario a Jericó para colaborar en el proyecto Hisham Palace con Mahmoud Hawari. Tuve varias razones para dejar el hostal. Ninguna fue el dinero, ni la ubicación, ni las vistas al extraordinario cementerio que estaba justo al lado o las vistas a la ciudad desde los baños. Una vez iniciados mis estudios, cada vez fue más y más difícil dedicar un tiempo para encontrar departamento. Cuando lo logré, llegaba tarde. No es que llegara tarde a mi cita, sino que llegaba tarde en una lista de muchas personas que querían vivir en los pocos departamentos que podía costear. Con la beca conacyt logré sobrevivir en Londres y el costo del hostal me permitía eso, y cuando digo sobrevivir era casi literalmente. Me alimenté de pollos fritos en Mornignton Crescent prácticamente todo el año que duró el programa. Y ahora recuerdo con mucha nostalgia a Ecko Unit, los mejores pollos fritos rebosados del mundo mundial. Costaban sólo 2.5 libras, seis alitas, refresco y papas, y le podías poner una salsa roja muy rica y picosa, la que quisieras. Una ganga. Casi cada día compraba un deal. Lo hice casi diario, casi ritualmente. Pero los pollos eran una especie de cena. A medio día, enfrente del SOAS, comía lentejas, papas, arroz y papadom y de vez en cuando fruta y agua de sabor. En punto de las 12:30 (si no mal recuerdo) un Hare krishna ponía su carrito de comida y ofrecía comída gratis. Y dejaba un plato de cartón para quienes quisieran donar una ayuda voluntaria. Yo dejaba 1 libra.
Así que por 3 meses comí pollos fritos, comida gratis con Food For All HQ que me servía un krishna, y un desayuno gratis en el hostal. Pero el hostal no era un lugar cómodo para trabajar en mis tareas. Cada mes tenía que entregar tareas y ensayos, así que mi rutina de los pollos se extendió a altas horas de la noche, casi antes que cerraran pues me quedaba a trabajar en el laboratorio con mis compas y a veces a uno le tocaba ir por los pollos, regresaba al laboratorio, comíamos y seguíamos trabajando. Una noche fue triste porque un día quien fue por los pollos se tropezó y los tiró.
El hostal se prestaba mucho para divertirte, jugar, hacer el macho. Y mi inglés no mejoraba. Empeoraba. Mi sociolecto me estaba educando y yo me adaptaba a hablar como mis amigos del hostal. Después de un mes de vivir en el hostal, me di cuenta que tenía que encontrar casa si quería acabar la maestría. Después de un mes en el hostal me di cuenta que muchos viajeros terminaban trabajando en el hostal. Un día me soprendió ver a un compa mexicano, que acababa de llegar al hostal, entrar a mi cuarto con una aspiradora. ¡Ah, la aspiradora! Cada día, después del desayuno, más o menos a las 9:30 entraban a nuestros cuartos a aspirar. Yo era de los afortunados que dormían en una de las camas de arriba. Eran tres literas. Y como me había llevado un petate a mi aventura british, acomodé el petate entre el hueco de la cama y la pared de modo que ahí dejaba mis cosas personales. Así que yo no sufría tanto a los aspiracionistas que entraban y pegaban en las literas mientras limpiaban el cuarto. Obviamente, muchas veces, perdí el desayuno gratis porque me dormía hasta las 2 o 3 de la mañana. A veces regresaba de trabajar a esa hora; otras veces los compas del hostal armaban salidas impromptu y salíamos a la ciudad y regresando, la fiesta continuaba en el bar del hostal, que tenía mesa de billar, juegos de mesa y demás. Tengo algunos videos de cuando jugábamos Jenga con castigo, pero esos no se los voy a compartir porque los considero privados y prefiero mantener esas memorias para quienes estuvimos en ese momento. Así que cuando un aspiracionista entraba al cuarto a las 9:30 era como un despertador. Afortunadamente pocas clases eran antes de las 10, así que siempre tuve tiempo para salir puntal y llegar a la universidad.
En algún momento, a finales de octubre me compré una bici usada por ahí por mornington crescent, y con eso ahorré mucho dinero. Mi modo de andar por la ciudad era con bici. Y usaba la bici para irme del hostal a la universidad. La encadenaba enfrente del hostal, sobre la calle, en la reja que separaba la vía de los coches con la banqueta. Y en la universidad la estacionaba enfrente del Instituto de Arqueología, en el lugar dedicado para las bicis, de donde me la robaron un fin de semana que me fui a visitar a un compa de la ENAH que vivía en Southampton. Esto fue en Diciembre. Y ya no volví a comprarme bici.
En noviembre yo ya quería salirme de ese hostal. ¿Ahorré dinero? Sí. Pero no lo valía. Me enteré que nuestro cuarto para 6 personas era en realidad para 4, pero los administradores del hostal ahorraban dinero mientras la autoridad no los inspeccionaba. Me di cuenta de esto porque un día me dijeron que tenía que cambiarme de cuarto. Pero sólo de forma temporal. Fue una mejora. El nuevo cuarto era más amplio, tenía 6 camas, pero era casi el doble de tamaño que el anterior. Y por dos noche dormí solo. Me enteré que esta maniobra fue para remover una litera de mi cuarto y presentarlo frente a la ley como legal y en orden. Así, el fin de semana de inspección, parecía que el hostal estaba en regla. POr un fin de semana entero, dormí tranquilo. Sin escuchar al seño qeu roncaba como oso, sin tener que despertar a media noche por culpa del atleta, o sin tener que salirme de la habitación a medio día de domingo porque el señor que estaba esperando que le arreglaran su bote que tenía en el Grand Union Canal, solía esuchar su televisión bastante alto. ¡Ah sí! Olvidé este detalle. Como había gente que vivía en el hostal, como yo, muchos realizaban rutinas muy caseras ahí y tenían artilugios en el cuarto, como este señor que tenía su televisión y su antena.
Me regresaron a mi cuarto normal con mis 5 roommates el lunes. La bueno es que esta vez pude elegir la cama que yo quise. Casi siempre había al menos una litera vacía, o sea que al menos 4 personas estábamos viviendo una larga temporada ahí. La cama que elegí en esta ocasión abajo, pegada a la ventana. No me importaba que me despertaran de vez cuando los aspiracionistas, tenía acceso a la ventanita que daba a la calle y podía abrirla de modo que el aire fresco del exterior siempre me pegaba en la cara cuando dormía y desde entonces dormí mil veces mejor. Lo que me despertó varias veces era el atleta que dormía arriba de mí y recibía llamadas a media noche. Eso sí que era impresionante. Ya lo mencioné más arriba. Le llamo el atleta pero no se si era o no un atleta. Bajaba de la cama de un salto y se subía con otro. Un sólo movimiento. Básicamente escuchaba el timbre de su celular, se meneaba un poco la litera, y acto seguido el hombre estaba abajo y contestaba: "aló, blublublua" – esto entendía. Creo que hablaba Francés. Salía de la habitación y minutos después me re-despertaba un movimiento brusco que indicaba que había saltado a su cama. Un par de veces lo vi y era realmente impresionante.
Así viví pues, 3 meses en un hostal ilegal, con ciudadanos de la Unión Europea mayoritariamente, que prácticamente huían de Europa para ganar unas libras en ese lugar. Muchos de mis compañeros de hostal terminaron trabajando para el hostal. Una persona iba huyendo, literalmente, de un hombre abusador. Otros estaban ahí de paso, haciendo un poco de dinero o ahorrando mientras planeaban el siguiente movimiento de eurotour, otros llevaban viviendo ahí más de 6 meses. Yo por mi parte estaba listo para irme. Ya no podía más. Era asfixiante, literal y metafóricamente. Y sabía que tarde o temprano lo iba a sufrir porque después de diciembre comenzaban las tareas más demandantes y los ensayos más importantes.
Aproveché las vacaciones de diciembre para buscar departamento. Visité varios lugares. Muchos eran pocilgas. Otros eran lugares sin baño, de 3x2 metros. Otros eran cuartos en las casas de los caseros cristianos que te hacían una entrevista por 2 horas y preguntaban quién eras y qué religión tenías más de una vez, y parecía que te estaban ofreciendo un trabajo o algo así. Fue difícil. Usé el directorio de caseros registrados en la universidad, y que manejaban precios acequibles. Encontré un departamento en el sur, cerca del metro Stockwell. Firmé mi contrato en Union Road más o menos entre el 21 y el 24 de diciembre. Dejé mi maleta en la casa, y sin hacer nada más que eso el 23 de diciembre cerré mi habitación y regresé al hostal, y pasé mi última noche en este lugar. Me despedí de mis compañeros ese día.
El 24 de diciembre tomé un vuelo para Tel Aviv, y la noche buena la pasé en Belén con mi amigo Justin Yoo. Nunca más regresé, ni de cerca a aquel hostal, pero lo recuerdo con cariño. Aunque si les soy sincero, no es una experiencia que desee a nadie que esté iniciando su maestría. Pero bueno, yo llegaba de Neza con poco billullu y sin privilegios. Mi mamá estaba consternada por mi estabilidad mental y física, pero en ese momento, en aquel lugar, el hostal fue un regalo del cielo a pesar de todo.
Una vez que regresé de Palestina, acomodé mi cuarto y lo puse bonito. El petate quedó como alfombra y el tapete que compré en Jerusalén lo puse para decorar. Era un bonito cuarto y me encantó que fuera así grande y que sólo fuera para mi.
Esta experiencia me curtió y me preparó para los años venideros. Me hizo crecer, madurar y darle un valor diferente a las cosas. Todo para bien. Las cosas que se ganan con un poquito de sufrimiento, se disfrutan y se valoran mucho más. Te hacen mejor persona.
Claro que de haber sabido, me hubiera hospedado en la Embajada de México en Londres. Al parecer ofrecen servicio VIP para hijos de padres preocupados por sus hijos. 🤡
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