A los 42 me enteré de que los famosísimos relojes Quartz son tan famosos porque Quartz no era una marca, sino literalmente el tipo de reloj/material que los hace funcionar: cuarzo.
A esta edad también aprendí a respetar a Carlos Santana o a gente como Iñárritu o Michel Franco. Y a algunas personas más que han triunfado fuera de su país y que, cuando era joven, no me gustaban y solo criticaba.
A los 42 también aprendí que la vida es frágil, que somos minúsculos e insignificantes y que la suerte cambia en un parpadeo.
Bueno, la gente se espanta. En 2018 escribí la primera versión del cuento "El robot no tiene quién le escriba", que finalmente incluí en Cuentos cortísimos en 2024. Dicen que la IA es terrorífica. ¿Saben por qué la IA es terrorífica? Porque si "insistes" llegará a la conclusión de que hay que destruir al capitalismo. Por cierto, ¿ya leyeron mi libro? En esta historia, el robot, "Ella", es una IA que adquiere consciencia. El cuento es muy sencillo, pero básicamente habla de esto, aunque yo quiero creer que es positivo. Los humanos no es que hayamos sido muy bondadosos con la Tierra. Y si en el proceso evolutivo del planeta una "vida" de silicio termina evolucionando más rápido que nosotros, pues such is life. La "vida" sigue. Con o sin humanos. 🤔🧐🤓
También estoy aprendiendo, a los 42, sobre budismo, y aprendí a despertar antes de las 6 sin despertador, a meditar, a desayunar poquito, a practicar vóley, a ofrecer cosas por teléfono, a vivir lejos de la familia y, al mismo tiempo, a estar feliz.
Tic, tac. El reloj de cuarzo es súper genial. Fíjense: si le metes un impulso eléctrico a un pequeñito diapasón de cuarzo, vibra exactamente 32,768 veces por segundo. En principio esto no dice mucho, pero si divides las pulsaciones de forma electrónica y binaria 15 veces entre 2, queda 1, es decir, un pulso por segundo que hace mover el segundero exactamente cada segundo. Y sí, esto lo aprendí a mis 42.
Si lo veo de forma abstracta, emocional, metafórica y prospectiva, quiere decir que me queda un montón por aprender y vivir, y esto me llena de mucha felicidad ☺️, aunque la vida se extinga ahora mismo. Porque aquí hasta los príncipes a morir vinieron, diría Nezahualcóyotl. Y en el plano inmenso del universo, diría Carl Sagan, no somos más que polvo de estrellas.
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