Mundo olvidado I y II
Y mientras tanto, los árboles siguen muriendo. Las veces que uno se imagina en el Edén, nunca puede visualizarlo. Carros que se llevan la historia de un país que quiso ser país. El lago que dejó de ser lago, y el pantano sin agua que ahoga las almas. Un mundo sin luz que de hecho está alumbrado se desvanece por el polvo del recuerdo. Eses con hache y basura que alborota los sentidos olfativos, recuerda el rostro de una ciudad que quiso contaminarse. El ahuehuete yo no crece, desierto que aparece.
Para todos aquellos que gustan de conocer nuevos lugares, los invito a conocer escenarios peliculescos, innimaginables. A unos minutos de la gran Ciudad de México, entre la no-provincia y la metrópolis, usted puede conocer este fantástico escenario natural decadente. Aquí las calles no están pavimentadas y los lodazales marcan la temporada de lluvias. En este escenario, la gente respira el hedor dulzón y vomitivo del basurero que se encuentra a unos metros de su colonia. Los automóviles son abandonados en las calles y los terrenos abandonados. Aquí, cuando hace aire, cada habitante es transportado a un mundo de ensueño, de la misma forma que Doroty viajó a Nunca Jamás, sólo que aquí hay muchos Totos y mucho tarugos que hacen de la calle su tiradero favorito. Venga sólo o acompañado, pero de día, porque de noche, su carro puede ser candidato a chatarra. Últimos días, después, tal vez todo sea parecido y esto ya no sea una atracción.
Domingo APRH Una agradable sensación festiva ocupa el lugar de la habitual angustia dominical. Mañana no habrá clases, pero igual iremos al convivio de la escuela, comeremos dulces y jugaremos a espantar a las niñas. El mercado está inundado en flores amarillas y calaveritas de azúcar. Puedo ver en las caras de otros niños la misma felicidad que siento yo. Hoy es de esos domingos que no saben a domingo. Me gusta el humor que tiene mamá; creo que se levantó de buenas. Casi siempre está ocupada o cansada, pero hoy no, hoy es un buen domingo. —Mamá, ¿me compras una calaverita de azúcar? —¿Qué haremos si no encuentro más barata la flor? Ni pensar en ir al otro mercado, tu abuela nos mata si llegamos tarde. —Oye, ma... ¿me compras una calaverita? —Ni modo, tendremos que pagar este precio de robo. Ten, Luis, para tu calaverita. —¿Puedo llevarle una a mi hermano? —Sí. Justo...
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