Yo me he quejado perennemente del tráfico en la Ciudad de México. Hasta 2011 no tenía con qué compararlo salvo con ciudades mexicanas. No me considero experto en movilidad ni tengo a mi mano un portafolio de realidad/percepción con muestras de todo el mundo, pero puedo decir que he conocido algunos lugares, y créanme, la ciudad de México sigue siendo la peor que me ha tocado vivir, sufrir, experimentar, percibir. No es que el tráfico sea "peor"; es sobre todo el tiempo perdido diario.
Yo soy de Neza. Y mucho tiempo viajé de Neza "a la ciudad". Para mi Neza es un pan de dios con respecto al tráfico. A veces, muy de vez en cuando, hay tráfico endemoniado. Esto ocurre cuando la cantidad de coches excede la capacidad de carga de las calles y avenidas, pero se combina con semáforos descompuestos, mal sincronizados o que duran poco, tianguis y eventos, y un transporte público extremadamente deficiente que tiene secuestrada a Ciudad Neza y a toda la capital del país. Sin embargo, salir de Neza es rápido. Casi siempre puedes cruzar de la Perla a Iztapalapa en menos de 10 minutos, y de la Perla a Periférico, sobre Pantitlán, entre 20 y 30 minutos. Así que el verdadero problema está en la Ciudad de México. Calles cerradas, puentes y dobles pisos, pasos a desnivel, metro a mitad de calle, y todo eso combinado con los mismo problemas que azotan a Neza más una baja densificación de la ciudad, la gentrificación del centro y un modelo de desarrollo agringado donde todo queda lejos de todo. En Neza casi siempre todo está disponible en la colonia, que es el barrio y unidad mínima política y social dentro del municipio de Nezahualcóyotl. Digamos que después de la colonia vienen las calles y las casas, pero la colonia es como un pueblito casi autónomo, así que vivir en Neza implica desplazarte mínimamente salvo que quieras algún producto muy particular. Muchos de los viajes en la ciudad se realizan desde la periferia hacia el centro y viceversa, lo que implica recorrer entre 10 y 30 kilómetros. Y esto no es normal. Recorrer 30 km en una ciudad donde la velocidad promedio en metro/autobús/coche/bici es similar (aprox. entre 15 y 30 km por hora), implica que en las mejores condiciones al menos tardarás 1 hora en llegar desde tu casa a tu trabajo/escuela. Pero la realidad es que muchísimas personas hacen al menos 2 horas de ida y 2 de regreso. Esto es absurdo.
Imaginen dedicar entre 20 y 24 horas a la semana a los traslados. En México, además, muchas personas trabajan 6 días a la semana. Es decir, de las 48 horas que trabajan, 24 las dedican a desplazarse. ¡72 horas a la semana fuera de su casa! 150 días con sus 24 horas. De los cuales 50 son sólo de traslados, es decir, 1200 horas. SIN PAGA, gastando dinero en transporte y tiempo de vida. Antes uno decía, yo leo en el metro, en el autobús, pero seamos sinceros, ¿cuándo fue la última vez que leyeron en un MB en hora pico, o se pusieron a trabajar mientras se trasladaban? Tampoco es que uno duerma muy a gusto. Sales a las 6 o 7 de tu casa, esperando llegar a la hora puntual, y siempre llegas justo a tiempo para checar. Sales a las 4 o 5, y llegas a tu casa a las 7. Los menos afortunados o que quieren llevar más dinero a casa, se quedarán hasta las 7 a trabajar (la hora de comida no es trabajo, ergo, de 9 a 5 no es normal, sino de 9 a 6 y entonces llegas a casa a las 8. Esto, tampoco es normal. Ni la hora de comida extra a las 8 horas, ni las 4 horas de traslado. Ni estar fuera de tu casa 12, 13 o 14 horas al día, básicamente sólo para que, al llegar a tu casa, cenes y duermas. Y encima de esto, sufrir la incertidumbre de la delincuencia o su impacto real, sea directa o indirectamente. A veces basta con pensar que hay que salir a las 6 AM o incluso a las 5AM, y convencerte de que nada te va a pasar y llegarás con bien a tu casa. Sea por un robo, un accidente o estar en el lugar incorrecto en el momento menos oportuno.
La Ciudad de México es una ciudad extraordinaria en la que cada residente mantiene una relación de amor-odio perenne con ella. Y donde sólo los más afortunados logran disfrutar plenamente de sus mieles cuando viven dentro del monstruo sin sufrir, o sufriendo mínimamente, su transporte público o su tráfico. Y la verdad de las cosas es que la justicia ambiental y social beneficia, como siempre, a quienes de por sí son afortunados y privilegiados. Desde nómadas digitales, hasta aquellos que obtuvieron un buen trabajo cerca de su casa o aquellos que les tocó vivir desde siempre en un barrio que apenas hace 30 años era un barrio de mala muerte y hoy reboza de vitalidad gracias a la gentrificación.
4 horas diarias de trabajo equivalen a 50 días enteros al año, lo que, a su vez, equivale a casi 4 años de vida, considerando que uno trabaja entre 30 y 35 años de su vida. ¡4 años! Una vida.
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