Todo empezó cuando a mediados del siglo XIX a alguien se le ocurrió que una imagen podría plasmarse en una capa sensible de nitrato de plata sobre una base de cobre y que, después de 15 ó 30 minutos, esta imagen podría observarse y postergarse con ciertas soluciones. En tiempos modernos ya no sólo es cuestión de plasmar imágenes, sino imágenes con alta definición, en movimiento y con sonido envolvente. A partir de la segunda mitad del siglo XX, pasamos del fonógrafo y el cinematógrafo manual a las motorizadas cámaras de 35 mm y a los cassettes de 8 pistas, al televisor, al cine en 3D, a los medios magnéticos de almacenamiento como cassettes mini ó de 8 mm para el cinito. Del super 8 al miniDV, del vinyl al beta o el VHS, el LaserDisc y el compact disc, del dvd al blue ray o a las tarjetas SD, del floppy de 5 1/4 al de 3 1/2 y luego al USB o al ZIP, luego a los discos duros portátiles de 10 GB y ahora hasta de 1 TB. En menos de 50 años, hemos visto cambios tecnológicos brillantes que no sólo suplieron a los daguerrotipos de Louis Daguerre pues también han modificado el arte en general de tal forma, que cualquier medio para llevar a la inmortalidad una imagen se ha visto abrumado por esta explosión de útiles perecederos. Todos somos viejos de alguna forma y aunque cada día en países del centro y la semiperiferia se incremente la esperanza de vida, parece que cada vez vivimos menos.
Domingo APRH Una agradable sensación festiva ocupa el lugar de la habitual angustia dominical. Mañana no habrá clases, pero igual iremos al convivio de la escuela, comeremos dulces y jugaremos a espantar a las niñas. El mercado está inundado en flores amarillas y calaveritas de azúcar. Puedo ver en las caras de otros niños la misma felicidad que siento yo. Hoy es de esos domingos que no saben a domingo. Me gusta el humor que tiene mamá; creo que se levantó de buenas. Casi siempre está ocupada o cansada, pero hoy no, hoy es un buen domingo. —Mamá, ¿me compras una calaverita de azúcar? —¿Qué haremos si no encuentro más barata la flor? Ni pensar en ir al otro mercado, tu abuela nos mata si llegamos tarde. —Oye, ma... ¿me compras una calaverita? —Ni modo, tendremos que pagar este precio de robo. Ten, Luis, para tu calaverita. —¿Puedo llevarle una a mi hermano? —Sí. Justo...
Comentarios
Publicar un comentario
Sientete libre de opinar sobre el tema. Prometo no enojarme con tu comentario...jajajaja, bueno no se, depende...