Todo empezó cuando a mediados del siglo XIX a alguien se le ocurrió que una imagen podría plasmarse en una capa sensible de nitrato de plata sobre una base de cobre y que, después de 15 ó 30 minutos, esta imagen podría observarse y postergarse con ciertas soluciones. En tiempos modernos ya no sólo es cuestión de plasmar imágenes, sino imágenes con alta definición, en movimiento y con sonido envolvente. A partir de la segunda mitad del siglo XX, pasamos del fonógrafo y el cinematógrafo manual a las motorizadas cámaras de 35 mm y a los cassettes de 8 pistas, al televisor, al cine en 3D, a los medios magnéticos de almacenamiento como cassettes mini ó de 8 mm para el cinito. Del super 8 al miniDV, del vinyl al beta o el VHS, el LaserDisc y el compact disc, del dvd al blue ray o a las tarjetas SD, del floppy de 5 1/4 al de 3 1/2 y luego al USB o al ZIP, luego a los discos duros portátiles de 10 GB y ahora hasta de 1 TB. En menos de 50 años, hemos visto cambios tecnológicos brillantes que no sólo suplieron a los daguerrotipos de Louis Daguerre pues también han modificado el arte en general de tal forma, que cualquier medio para llevar a la inmortalidad una imagen se ha visto abrumado por esta explosión de útiles perecederos. Todos somos viejos de alguna forma y aunque cada día en países del centro y la semiperiferia se incremente la esperanza de vida, parece que cada vez vivimos menos.
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