Sebastián cantaba solo en un vagón de tren. Llevaba un morralito donde guardaba sus pocas pertenencias. Sacó una harmónica y empezó a tocar. En aquel lóbrego vagón, con aquel ruido incesante que producía el tren, Sebastían cantaba a ratos y a ratos tocaba. Iba solo, estaba solo, sólo él y su harmónica y su morralito y unos costales viejos y malolientes que se acurrucaban en una esquina de aquel carro nostálgico. Era de noche y Sebastián miraba el paisaje que se dibujaba cada momento, sin perder de vista la silueta escalofriante de los árboles que pasaban a toda velocidad. La tímida luna nueva permitía que las estrellas refulgieran intensamente. De pronto, entre los costales, un conejo se asomó y vio a Sebastián. Luego una rata y un gato salieron de otro lado. Y los tres animales se miraron y miraron la triste figura humana. Se acercaron a ella. Sebastían yacía en la orilla del vagón, su mirada estaba perdida en lontananza, como pensando que las estrellas sucumbirían ante el suave murmullo de su voz y la harmónica. El gato maulló y Sebastián lo ignoró. Entonces los tres animales decidieron hacerle compañia al hombre posándose a su lado. Y él, metiendo la harmónica en su morral, comenzó a acariciar a los animales y cantando, soltó un carcajada y luego comenzó a llorar y a sumirse profundamente en un sueño del que jamás despertaría.
Como un átomo. Como una mota de polvo. Como un montón de células o Como miles de átomos. Como sedimento acumulado por años. Como años que pasan en un parpadeo. Parpadeo geológico. Lustros. Las células que se solidifican. Las rocas que construyen montañas. Montañas que forman continentes y mares e historias. Millones de vidas. Parpadeo planetario. Caminando hacia adelante cargando el bulto del peso del tiempo. Atrapado por un magnetar gigante e invisible. Un monstruo siniestro infinito. Tragados infinitamente en un árbol materno de dolor eterno. Ora vita, ora morte. Aqua. Negro. Sagitario A*, M31*, Tonantzintla 618. Como polvo de estrellas. Parpadeo cósmico. Un instante apenas. Belleza prístina. Sonido y colores desconocidos, increíbles y misteriosos. Olores jamás olidos. Texturas imposibles de sentir. Sabores inimaginables. No puedo caminar. Correr parece sumamente ajeno. El tiempo se detiene para siempre. El reloj sigue corriendo. El tiempo corre. Yo no. Sigo atrapado queri...
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