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¿Embriagarse o cocinar? Esa es la cuestión.


Los arqueólogos solemos encontrar rastros de lo que la gente cultivaba hace miles de años: granos carbonizados, semillas chamuscadas, pedacitos de madera. En un estudio reciente liderado por Simone Riehl —en el que participé con análisis espaciales que dieron como resultado unas bonitas interpolaciones— analizamos más de 1,500 restos de uva y olivo del Levante y el norte de Mesopotamia, fechados entre la Edad del Bronce y la del Hierro.

¿El resultado? Que cuando el clima se ponía difícil y el agua escaseaba, las comunidades antiguas hicieron hasta lo imposible para que la vid sobreviviera. Es decir: antes se quedaban sin aceite que sin vino.

El análisis isotópico mostró que las uvas recibían más cuidados e irrigación que los olivos. En otras palabras, había una clara prioridad cultural y económica: el vino no podía faltar, aunque hubiera sequía.

Así que sí: parece que a nuestros ancestros les gustaba más asegurarse la borrachera colectiva que la ensalada bien aderezada. Y gracias a eso, hoy también podemos brindar por ellos. 🍷

Obviamente he simplificado al infinito los resultados, el vid no sólo permitía producir vino sino mantener en producción, almacenamiento y circulación un producto no perecedero (en teoría) que podía ser intercambiado por otros productos de la canasta básica que permitieran a lso pobladores del Levante abastacerse en tiempos difíciles.

Si quieren leer más pueden leer el artículo completo aquí: Riehl S, Deckers K, Hinojosa-Baliño I, Gröcke DR, Lawrence D (2025) Fluctuations of viti- and oleiculture traditions in the Bronze and Iron Age Levant. PLoS One 20(9): e0330032. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0330032

https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0330032


Y ya entrados, también los invito a leer mi artículo sobre los olivos y las aceitunas :D https://ishiba.blogspot.com/2021/05/el-olivo-y-las-aceitunas-la-curiosa.html

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